Llegué sin saber cuanto tiempo hacía que no andaba por aquel jardín. Tranquilo, limpio de sociedad y tan mío como mi sangre. Me senté en la crecida hierba y me puse a escribir.
"El sabor de la derrota siempre es mejor que el de la victoria. Pues en la victoria compruebas que nada hay que mejorar, mientras que la derrota te devuelve a la realidad. Temo a quién ha ganado mil batallas diferentes, pero aún más a quién ha perdido otras mil.
Al final nada depende del resultado de lo que hagamos; convertir una tarea en prioritaria no la hace importante. Mucho menos imprescindible."
Esta es la conclusión que en ese momento extraía de los últimos meses. Ganar está sobrevalorado si no has probado la derrota. Las derrotas te sumen en una ola de sensaciones que todo ganador necesita experimentar. Hasta los más expertos.
"Pero de donde más se aprende es en las derrotas del corazón. Ahí, amigo mío, es donde más vas a perder. Muy pocas veces se gana, si es que se puede llamar ganar a tener una estabilidad emocional continuada. El corazón es el punto de inflexión en la actitud de las personas: da igual lo entero que seas por fuera si tienes un corazón débil, y da igual lo inestable que sea tu cuerpo si tu corazón es fuerte.
En realidad, el corazón es el que marca todo lo que hacemos. Una tarea prioritaria no es importante, pero una tarea importante siempre está apoyada con y desde el corazón. Si no, tampoco lo es.
Por eso mismo, por todo lo anterior, es importante el control de tus emociones y sentimientos. Un corazón sin control es débil, sin fuerza para decir los 'no' tan necesarios en esta vida. En cambio, con las riendas del control en la mano, siendo el dueño de tus actos y sentimientos, nada puede detener el orgullo que te hace avanzar, cada día, hacia tus metas.
Recupera siempre el control, querido Yo. No te dejes vencer por el entorno: en tu vida, con lo corta y maltratada que es, mandas únicamente tú. Tenlo en cuenta siempre: desde que tu felicidad sea plena a cuando las lágrimas te rompan las pupilas: eres el factor imprescindible de tu propia vida."
Sea como sea, terminé de escribir.
Fui a ver cómo estaba el viejo Maestro. Maestro... Le llamaba así porque era su rol en mi vida. O eso quise creer... En realidad le llamaba Maestro porque él controla absolutamente todos los aspectos de su alma.
Ese loco... Ese viejo loco...