Ya era la hora. Cuanto más rápido intentaba llegar al final de éste asunto, más rápido me hundía en las sugerencias impuestas por la inseguridad. Pero por fin, llegó el momento.
- Estoy preparado - le dije. El Maestro me escuchaba, sin mirarme. Como siempre, con sus diminutos ojos cerrados, formando en su rostro unas arrugas que, de poder hablar, contarían historias que jamás nadie olvidaría - Cuando llegue el momento, no me cogerá desprevenido.
- Lo sé - se limitó a decir. Quizás la sensación de frío venía provocada por la húmeda hierba sobre la que me encontraba arrodillado. O quizás fuese una sensación de miedo atroz ante todo lo que el destino me deparaba.
- Al final, es como un sueño, Maestro. Por eso me gusta soñar. Siempre he creído que los sueños son historias sugeridas por el subconsciente, por un ego interior que manifiesta sus ansias de liberarse, de vivir en una realidad que no es la que tú estás percibiendo. A veces, incluso, desea vivir del miedo y de la intriga. Esas son las llamadas pesadillas - hice una pausa. Sabía que no hablaba sólo, aunque no recibiese ninguna confirmación - Pero aún así, historias que nunca has vivido, o realidades que están por vivir. Y al final de esas historias, cuando lo mejor está por pasar, te despiertas... - medité un poco acerca de esto último.
Siempre pasaba lo mismo. Cuando en tus sueños, alcanzabas por fin un estado de equilibrio o certeza, cuando se respondían las incógnitas entre sábanas, propias o ajenas, entre cuerpos desnudos y sudor, abrazados a nuestro alma, o a su cuerpo... Siempre te despertabas. A veces, lo recibes con gusto. Volver a una realidad más simple, donde tú decides lo que pasa. Otras, lo recibes con desagrado. Te gustaba no controlar la situación. No limitarte a un ente físico, carne y hueso. Sangre y músculo. Te gustaba esa realidad egocéntrica e inexistente o improbable. Al final, llegué a una conclusión.
- Estoy preparado. Porque cuando te despiertas, Maestro, tu ego te está dejando una historia con un punto al final. Eres tú el que decide convertir ese punto en tres puntos suspensivos o en un cambio de historia. Es tan benevolente con nuestros actos, que nuestro Ego interior sabe perfectamente nuestro límite real para aceptar una historia. Y cuando estás preparado, como lo estoy yo ahora... Ese Ego no te pone límites. Te deja soñar despierto en esa realidad - miré a mi Maestro. Asentía con los ojos cerrados. Como aceptando mi teoría - En esa realidad me encuentro ahora. En la realidad más superficial de mi sueño más profundo - cerré los ojos. Estaba satisfecho.
Ya no sentía miedo. Ni inseguridades. Ahora estaba completamente decidido a aceptar lo que me enviase el destino. Esa determinación, era mi mayor lujo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario