viernes, 15 de marzo de 2013

#Confesión 4. De la inspiración

"Cuando te sientes como un alma creativa y tus actos dejan de ser premeditados, estás más cerca de la perfección artística de lo que te piensas. Esa ausencia de planificación y ese afán artístico son capaces de convertir tu cuerpo, mente, alma y sentimientos en la manifestación de todo tu ser."

- No sé como continuar, Maestro - escribía con un entusiasmo desmedido. Pero llegó un parón de repente en mi cabeza que me impidió ver cuál era el siguiente paso. La siguiente reflexión.
- ¿Qué es lo que quieres que tus palabras expresen? ¿Una forma de ver la vida? ¿Una reflexión del '¿Y si...?' más largo de tu corta vida? - me preguntó. Permanecía sentado, con los ojos cerrados y haciendo gestos con las manos, correspondiente a distintas técnicas marciales.
- Puede... - respondí. Me mordía el labio, y cuando me hacía daño, mordía el lápiz. El papel permanecía en el suelo, y yo sentado me inclinaba hacia él, alejándome  acercándome... Encontrar una nueva perspectiva.

"Y si es tu mente la que se desarrolla, estarás más cerca del autodominio. Cuando el corazón dicte las instrucciones al ritmo de la sístole ventricular y en cada diástole seas capaz de tomar una decisión, el control de tu cuerpo y alma es automático. Eso, en esencia, es la capacidad que un artista marcial debe desarrollar."

Y eso era. Tan simple. Tan complejo.

- ¿Puede definirse así? - se lo leí al Maestro.
- Demasiado complejo. O simple. ¿Tú crees que es justo eso lo que quieres expresar? ¿Estás totalmente convencido?

Reflexioné. Uno, tres, veinte minutos.

- Sí. Es justo eso, Maestro. Simple y complejo.

"Es así de simple. Así de complejo. La perfección artística y el autodominio son la base y esencia de cualquier Arte. Especialmente en las Artes Marciales."

Cuando leí esa frase, quedaba coja. Hay algo que no estaba bien. Agregué:

"[...] El único arte que no se basa en estos principios es el de amar. El de tomar decisiones con el propio corazón. No existe ni la perfección ni el autodominio. Es Caos. Esto se explicará en otra reflexión".

Con la satisfacción del deber cumplido, guardé esa hoja de papel y empecé a seguir a mi maestro con sus movimientos y técnicas.

Ambos sentados, con los ojos cerrados, recogiendo un brazo y estirando el puño. Abriendo la mano y golpeando de forma circular al aire. Éramos un fragmento de tiempo congelado. Coordinados, serenos. Joven. Anciano.
Justo lo que debíamos ser.

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